Retroecetia Especial: Adiós a los salones de arcade

Creo firmemente que los emuladores son una de las mejores cosas que se pudieron crear,  y el MAME es su expresión más gloriosa como bien expresó nuestro amigo Wertygol en su post festejando los 15 años de este maravilloso proyecto. A medida que el tiempo pasa, más y más máquinas se emulan, y las que ya están emuladas, se perfecciona su funcionamiento para que sea exacto, heredando incluso los mismos defectos que la máquina original poseía. Sin embargo hay algo que ningún emulador por más avanzado que sea jamás podrá igualar: el mágico y ruidoso ambiente de una sala repleta de arcades, lugares que debido a los avances de la tecnología desaparecieron casi por completo de la geografía urbana. Básicamente la cuestión es que las consolas actuales tienen mucho más poder gráfico y de proceso que los arcades, sumado al cambio de gustos y costumbres relacionadas al gaming, hicieron que estos lugares no tengan mucho sentido. Sin embargo se extrañan, y cómo. Recordemos un poco esas épocas gloriosas.

Estos locales rebosaban de olor a humedad, neón multicolor, paredes oscuras, calor insoportable en verano y frío indescriptible en invierno, sórdidos galpones que acobijaban a miles de niños y adolescentes con el único deseo de gastar cantidades enormes de dinero jugando y muchas veces queriendo demostrar quién era el mejor, pero viendo la cara de tu adversario, nada de leaderboards, ni de achievements, ni online....en los salones de arcade todo era personal. La posibilidad de ser visto por muchas personas que se juntaban alrededor del juego en el que éramos expertos era el momento de gloria del gamer, sus 15 minutos de fama. Los cheats eran en aquella época sólo para elegidos, ya que antes de la existencia de Internet los trucos y las tácticas de los videojuegos sólo se difundían de boca en boca. Quiénes y cómo descubrían dichos trucos en una época en la que no existía Internet es todo un enigma.

Recordar las filas de arcades extendiéndose hasta el infinito ocasionaba una alegría difícil de describir y como era muy bajito su tamaño se multiplicaba, sintiéndome como si estuviera en una ciudad de altos rascacielos con pantallas, escena digna de Tron, la original de los 80 y no esa porquería que hicieron recientemente. Conocí mi primer salón a los 6 años (hoy tengo 36) y si pasaba frente a uno era obligación para mi entrar en estos pequeños países de sueños eléctricos, maravillándome ante cada juego nuevo que aparecía (en ciertas épocas había varios juegos nuevos por semana) e intentando grabar en mi memoría cada sonido, cada pixel, cada jugada, para después reproducirlos en mi mente y "jugarlos grátis", intentando burlarme inútilmente del sistema que requería que pague para una sesión de juego que con suerte duraba 3 minutos. Y sí, los juegos de los salones eran muy difíciles por una cuestión estrictamente de negocios, para que sigamos alimentando la máquina con nuestras monedas hasta que no nos quede ni un centavo. Salíamos pobres de estos salones, pero con el corazón gamer lleno y contento, que joder.

Cada sonido de ficha cayendo en el monedero de cualquier máquina generaba en mí una cantidad de sensaciones alucinantes, mezclas de alegría y emoción. Pero si hablamos de sonidos sin duda estos templos del gaming tenían algunos aspectos nocivos para nuestra salud en algún sentido, como ser el ruido. Si bien el volumen de cada máquina no era excesivo, juntando 20 o más andando al mismo tiempo podían volver sordo a casi cualquier ser humano normal. Pero no por nada aquí en Ecetia somos gamers, por lo que esos ruidos y sonidos para nosotros son para nosotros auténtica "música para nuestros oídos". Incluso hay gente como Andy Hofle que trata de recordar ese ruido en esta página llamada "Arcade Ambience Project Page" que transmite puro amor por el sonido de los locales de arcades y sobre todo nos da la posibilidad de usarlos mientras jugamos al MAME tratando de achicar más la distancia entre emulación y realidad. Pongan estos sonidos de fondo mientras juegan algún buen juego de los 80 tipo Pacman, Defender, Donkey Kong o Ghost'n Goblins y luego me cuentan.

Como todo negocio que va bien la saturación fue inevitable y hasta entendible ya que estos locales generaban excelentes ganancias en el momento en el que los arcades estaban de moda, por lo que en ciertas épocas se podían encontrar hasta tres locales por cuadra. Recorriendo hoy las calles del centro de la Capital Federal, Buenos Aires, la imagen es de lo más desoladora y los que vivimos en aquellas épocas no podemos menos que dejar caer una lágrima al ver la situación actual. En Florida, una de las calles peatonales más conocidas de la Capital hoy sólo queda un local donde los neones siguen estando, pero el público ya no accede masivamente, en parte por el alto costo de las fichas, en parte porque hoy mucha gente dispone de los mismos juegos en sus consolas o computadoras.

El resto de los locales cerraron para convertirse en galerías, iglesias de pastores brasileros, tiendas de artículos chinos o se retiraron a lugares tales como balnearios o lugares de veraneo y o mismo es lo que está ocurriendo en el mundo, salvo en lugares donde todo es distinto como Japón donde todavía se pueden encontrar tiendas de 5 pisos o más repletas de arcades de todas las épocas e incluso con juegos nuevos que por su costo probablemente nunca conoceremos en persona. No quiero usar el viejo axioma "todo tiempo pasado fue mejor" ya que creo firmemente que es falso, considero que su tiempo pasó porque así tenía que ser, porque estos salones pertenecieron a otra época, otro momento en los que la palabra gamer no estaba establecida como hoy y que los videojuegos seguían siendo vistos como "diversión para niños".

Es muy raro pensar en que hay generaciones nuevas de gamers que nunca pisaron estos lugares, que nunca sabrán lo que es estar rodeado de gente viendo nuestras hazañas gamer o la locura de tener que hacer cola para jugar al juego de moda. Los salones de arcade servían no sólo como lugar en el que descargar las pasiones gamers, sino que además funcionaron como lugares de socialización, de reunión de amigos con ganas de divertirse y olvidarse durante un par de horas de sus problemas en la vida real. Un lugar en el que compartir anécdotas y momentos, preparándose para el momento de salir al bailar o ir a una fiesta, un lugar que nos permitió enamorarnos y acercarnos más a este hobby apasionante.

Sin ellos probablementen uestra infancia hubiera sido quizás mejor, quizás peor, pero sin duda muy, muy distinta. Los que allí estuvimos y pasamos gran parte de nuestra infancia y adolescencia los recordaremos con cariño y nostalgia, porque son parte de nuestro ADN gamer, de esta cultura que día a día suma adeptos y de la cual nosotros estamos sumamente orgullosos de pertenecer.

¡Larga vida a los salones de arcades!