Hipertextual Labs: Dark Void

Dark Void ha sido el responsable, junto al último Bionic Commando de que Capcom se replantee la subcontratación de desarrollos a estudios occidentales. Y es que las bajas ventas de ambos títulos sumadas (motivadas diría yo incluso) a unos acabados técnicos y jugables muy por debajo de lo esperado, han echado por tierra lo que podría haber sido el inicio de una prometedora franquicia en el primer caso y la resurreción de otra en el segundo.

Desde que fuese mostrado al mundo hace ahora tres años, Dark Void ya se nos antojaba un título contradictorio. Una parte de éste nos decía "más de lo mismo" y otra nos atraía hacia una mecánica que intuíamos podría dar mucho de sí siempre y cuando supiese implementarse convenientemente. Finalmente no ha sido así.

El juego ha sido desarrollado por los responsables de Crimson Skies, Airtight Games, que mucho me temo en esta ocasión no han estado a la altura del excelente citado título. Y es que de existir un libro llamado "Desarrolle su propio juego genérico Nextgen de acción/aventura", no cabría duda de que lo han empleado de la primera a la última página en el largo y dificultoso proceso de desarrollo que nos ha traído un Dark Void totalmente prescindible y nada digno de la calidad mínima exigible a una Capcom que, como SEGA, ha venido atravesando una etapa marcada por la carencia cualitativa de sus últimas producciones.

Y es que en Dark Void todo está concebido simplemente para el aprobado cuando desde el primer momento se aspiraba a matrícula de honor. La propia premisa argumental ya cojea y suena manida, insulsa: un mundo alternativo conocido como "El Vacío" en el que nos estrellamos con una vieja avioneta en una noche de tormenta, una arcaica civilización azotada por el empuje de una orda de máquinas conocida como "Los Vigilantes" y nosotros junto a nuestra bella heroína (complicada relación sentimental de por medio) para intentar pararles los pies.

Como vemos nada que no se haya tratado ya, lo que no tendría porqué puntuar negativamente si se le hubiese dado a la trama un enfoque lo suficientemente distintivo, algo que no ocurre en ningún momento. Aquí no hay ningún tipo de cliffhanger, ni impactantes secuencias que hilvanen una historia narrada muy torpemente, sin ningún tipo de elemento que aliente al jugador a querer saber más, ni siquiera atraído por las múltiples páginas de diario ocultas en los escenarios, que tratan de completar el argumento y que suponen a su vez los únicos momentos de exploración del juego.

Poco podemos alabar así mismo de su mecánica, que en las secciones de disparos bebe abundantemente de los últimos representantes del shooter en tercera persona. Se vuelve a explotar aquí la ya común estrategia del avance por cobertura, lástima que ni el diseño de los escenarios ni las toscas animaciones vayan acordes con ésta. Los enfrentamientos terminan así volviéndose tediosos, especialmente por la negligente IA de nuestros robóticos enemigos que sí, son muy resistentes a nuestros disparos pero nada avispados. De hecho, no serán pocas las ocasiones en que optaremos por descartar el combate con armas para pasar directamente al cuerpo a cuerpo, una vía mucha más rápida de darles su merecido, algo que tampoco es que sea obligatorio, pudiendo avanzar por numerosas secciones del juego obivando a los enemigos Jet-Pack en ristre.

El Jet-Pack, una de las claves del juego, lo que nos hizo seguirle la pista con curiosidad y lo que puede que haga a muchos salvarlo de la quema. Y es que cuando no estamos combatiendo a los aliens mecánicos a pie (con un armamento muy limitado, todo hay que decirlo) lo haremos surcando el cielo gracias a este propulsor que sirve a los chicos de Airtight para demostrar su buen hacer en títulos de combate aéreo. No obstante, pese a que el control del mismo ofrece amplísimas posibilidades, su dominio requiere mucha práctica, quizás demasiada, lo que puede terminar desalentando aún más a unos jugadores ya de por sí desmotivados por el resto de torpezas de este Dark Void. No obstante, aquellos que dominen sus múltiples técnicas quizás puedan sacar un poco de jugo al título.

Es precisamente gracias a este artefacto que Dark Void, entre tanto reciclaje de elementos (¿alguien dijo Gears of War, Uncharted 2 e incluso Shenmue -QTE-?), intenta también aportar su granito de arena al género introduciendo los combates en vertical. Y la verdad es que subir a propulsión y punta de pistola acantilados o embarcaciones suspendidas en el aire desde esta nueva perspectiva es bastante espectacular, no puede negarse.

Una de las grandes trabas del juego es que muchas veces nos pone en la ya casi extinta tesitura del ensayo y error. No porque éste se articule en mecánicas prefijadas, sino porque determinados fallos de diseño, la a veces poco afortunada cámara y por encima de todo un número considerable de bugs sin depurar, terminan condenándonos a muertes en bucle de las que deberemos aprender a sortear dichos fallos de programación si es que tenemos alguna intención de completar los tres actos en que se articula el juego, algo que nos llevará aproximadamente unas 10 (interminables) horas.

Gráficamente sólo destacan algunos escenarios, pero todo se antoja excesívamente monótono (predominando los verdes y marrones de entornos básicamente selváticos). El diseño de los personajes, además de estar repleto de clichés, es muy poco acertado, pretendiendo realismo pero con una cierta apariencia animada que lo fulmina sin piedad. Y es que cuando uno mira a Dark Void por primera vez se encuentra ante lo que parece uno de los títulos primerizos de esta generación: visualmente es "casi correcto", lo que dicho de un juego a estas alturas, con todos los portentos visuales que estamos acostumbrados a ver y que hacen uso de su mismo motor gráfico (Unreal Engine 3), es bastante preocupante. Tanto como las puntuales ralentizaciones que se dan al confluir muchos elementos en pantalla, ciertas texturas o los muy mejorables efectos de partículas.

La banda sonora, por su parte, sí que resulta admirable, épica aún cuando no tiene nada épico que envolver: ni la acción ni el argumento. No por nada su padre es Bear McCreary, reconocido compositor que intenta hacer un poco más aparente al conjunto con sus piezas, a las que agradecemos el tapado de unos efectos sonoros bastante repetitivos, genéricos una vez más.

Dark Void es así un título desaprovechado en su concepto, con mucho por pulir: su apartado gráfico quizás resultase aparente a finales de 2005 pero no ahora, como shooter ha sido ampliamente superado, los fallos de programación son cuantiosos y su argumento es ante todo una excusa cargada de frases hechas y recursos narrativos mal empleados mil veces vistos.

5,5/10

Se le reconoce la genialidad de ciertos combates, especialmente aquellos aéreos de perspectiva vertical y si somos lo suficientemente pacientes como para dominar el manejo del Jet-Pack y enormemente aficionados a todo shooter viviente, tal vez podamos entretenernos levemente con un juego que roza la corrección pero casi está a punto de hundirse en la mediocridad.