Diario D1 Videojugador: Cuéntame algo…

¿Lo habéis notado? Últimamente los amantes de la narrativa videojugable estamos de enhorabuena. Y es que de un tiempo a esta parte la capacidad de la industria para articular grandes historias y contarlas como es debido se ha incrementado notoriamente.

Fui consciente de ello el otro día, al concluir mi primera partida en Heavy Rain. No exagero al asegurar que nunca había experimentado sensaciones similares ante juego alguno: angustia, expectación, emoción, satisfacción... Cada dubitativo paso de Ethan Mars por una excelente trama perfectamente hilvanada, me acercaba más al personaje hasta el punto en que convertí en mías sus esperanzas por encontrar al hijo raptado. Cuando me quise dar cuenta me encontraba levantándome exaltado del sofá a cada persecución creyendo que así mi personaje correría a mayor velocidad; me vi a mí mismo debatiéndome concienzudamente entre opciones de juego que únicamente iban a afectar al arquitecto que aparecía en pantalla pero que bien pareciese que tendrían algún impacto en mi propia vida. En suma, me sentí parte del juego como no lo hacía desde que acompañase hace unos años a mi buen amigo Ryo Hazuki por las calles de Yokosuka.

¿Quién no quedó impactando con un Bioshock cuyo argumento coge al jugador desprevenido a mitad de trayecto y lo abofetea en la cara cambiándole todos los esquemas? No nos olvidemos del desasosiego que nos provocó un primer Mass Effect que nos obligaba a sacrificar a uno de nuestros compañeros, decisión que muy acertadamente deja su huella en la secuela. Y qué decir de un Assassin's Creed 2 que juega a fundir realidad y ficción (tanto histórica como locativa) para sorprendernos al final con una trama mil veces más compleja de lo que en un principio podríamos haber imaginado.

Y es que un buen argumento no sólo nos hace disfrutar de un juego (Uncharted 2, divino tesoro) también puede imbuirnos en una ansiosa espera a una segunda, tercera parte que disfrutamos mucho más, una vez llega, por todas las pequeñas implicaciones que juegos previos de una misma saga han ido sembrando en nosotros.

Tampoco es necesario que el argumento de un juego nos plantee situaciones realistas para cautivarnos: en ello son expertos los juegos de rol que nos presentan mundos soñados repletos de seres que servirían perfectamente como ejemplos visuales de diccionario junto al término "irreal" y que, aún así, nos atrapan sin remedio durante más de 60 horas. Incluso títulos como No More Heroes, con un argumento completamente disparatado y surrealista, nos meten de lleno en la acción.

Cosas así no las consiguen (por desgracia) muchos juegos. Y no lo hacen por una carencia básica: la argumental. Una buena historia y personajes con los que uno pueda identificarse (incluso aún cuando éstos vivan en un futuro en el que no nos veamos reflejados ni por asomo) esas son las claves para hacer que un juego trascienda entre el resto de sus compañeros de catálogo.

Aún así, todavía son muchos los títulos que nos ofrecen una metralleta sin decirnos porqué deberíamos dispararla, que nos piden que golpeemos a nuestro adversario sin darnos razón alguna para ello, que nos obligan a caminar hacia adelante por escenarios descontextualizados en busca de no se sabe qué... y aquellos que intentan explicarlo lo hacen tan torpemente, con argumentos tan rídiculos y cargados de clichés que, a poco que dichos juegos abusen de mecánicas repetitivas, uno casi prefieriese apagar la consola y ponerse a ver una tv movie que, total, atesorará la misma calidad argumental y no nos provocará el desgaste de pulgares que tanto propicia la manida jugabilidad por cobertura de la mayoría de actuales shooters en tercera persona.

Y habrá quién diga que para ver un buen argumento me vaya al cine. Y yo responderé: ¿acaso los juegos que más nos han marcado no son aquellos que consiguieron llegarnos especialmente por sus tramas, por el carisma de sus personajes?

Queridos desarrolladores, quiero que vuestros juegos me cuenten algo...