Las máquinas arcade mueren también en Japón

Salon recreativo
He de reconocer que cuando Capcom anunció que su futuro Street Fighter IV aparecería también en formato arcade me llevé una pequeña alegría. No me lo esperaba. En España este tipo de centros de reunión pasaron a mejor vida hace un buen puñado de años. Primero fueron los ciber-cafés con poco café y más adelante el juego online. Pero ambas formas de juego eran muy distintas a echar esa moneda de 25 pesetas y pasar una tarde jugando con tus amigos al Pang, Wind Jammers o al Street Hoop. Hoy en día lo más parecido a esas sensaciones sería ver a un par de chiquillos sentados en el bordillo de un parque viendo como uno de los dos juega con su Nintendo DS. Pero no es lo mismo.

Yo pensaba que la situación fuera de aquí era distinta. Mentira. Hace unos meses en una visita a Londres me acerqué al centro de arcades de Namco situado a pocos metros del London Eye y el ambiente era bastante desolador. Sólo vimos a un par de chicas, bastante buenas por cierto, jugando al Dance Dance Revolution. Entonces, no me quedaba más que pensar que la situación sería distinta en Japón conociendo lo que siempre han tirado allí estas máquinas. Además, es de suponer que allí con 3 euros igual podías tener más de un cuarto de hora de diversión, que viendo los precios que alcanzan los salones últimamente por estas tierras está difícil. Pero me volvía a equivocar.

Namco Bandai ha anunciado que va a cerrar brevemente entre 50 o 60 salones recreativos en Japón. No sé cuantas salas habrá en el país asiático, pero parece una cifra importante. Ellos culpan a las consolas domesticas. Y en parte tienen razón, ya nadie va a jugar a un salón recreativo porque los juegos tengan una pinta increíble como cuando salió el Sega Rally 2 o porque la diversión ofrecida por una Neo Geo estubiese al alcance de muy pocos. Pasearse hoy en día por un salón recreativo hoy en día era como hacerlo por un cementerio lleno de viejas glorias en el que por unos minutos de diversión te puedes comprar un buen juego de segunda mano. Es una pena, porque el ambiente y la labor socializadora no es la misma, pero es lo que hemos decidido.