Cada vez que me hablan de próceres de la historia de los videojuegos como Shigeru Miyamoto o Sid Meyer me doy cuenta que hay una gran parte de la historia que la gente está olvidando. En los 80, cuando 128 kilobytes eran sinónimo de potencia y los programadores debían hacer maravillas en 48 o 64 kilobytes, había gente que destacaba, y mucho, sobre la masa de desarrolladores del creciente mercado de los juegos de video. Una de ellas era Jon Ritman.
A Ritman se le puede...
Head over Heels






