G402 Hyperion Fury
Los tiempos pasan, las barajas cambian pero siempre hay una constante en el metajuego de Hearthstone: Malfurion. Analizamos por qué Druida siempre está al pie del cañón.

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29 de septiembre de 2014, 11:07
Temas: HearthStone
Más de: DRUIDA, MALFURION

Malfurion nunca fue un héroe que dio su brazo a torcer. Cuando la Beta cerrada de Hearthstone era un pandemonio de gélidas barajas de Jaina con gigantes, druida surgió como una alternativa para balancear el metajuego. Con su poderosa curación y esbirros enormes, mago tenía problemas para controlar la mesa del rival. Desde ese entonces, druida tuvo una presencia fuerte en el metagame y estaba siempre entre las barajas a vencer.
La potencia de la clase, en Estimular y Crecimiento salvaje, es, a veces, su gran debilidad
No obstante, con la vuelta de Rexxar a escena y con Miracle Rogue campando a sus anchas, la situación empeoró para nuestro héroes y Malfurion se vio forzado al ostracismo que significa el exilio. Para el lamento de los aficionados a la clase (como yo, para qué negarlo), el entorno no era el ideal para una clase que carecía de las herramientas para lidiar con las barajas más potentes del formato. A pesar de que muchos intentaron añadir algunas de las cartas potentes de Naxxramas para adaptarse a los tiempos que cursaban, no lograron encontrarle el giro necesario para encajarlo nuevamente en el engranaje de Hearthstone. Pero siempre hay una luz al final del tunel, y Kolento la trajo por partida doble, primero con una baraja efectiva que tenía algunos mínimos fallos y luego con una que conquistó la primera parte del clasificatorio para la BlizzCon en la DreamHack. Hoy toca analizar una de mis clases favoritas para saber la magia detrás de ella.

Un ecosistema poco natural

Malfurion
Como decíamos, con Miracle Rogue y Hunter Midrange en pleno apogeo, Druida cayó en claro desuso. La imposibilidad de lidiar eficientemente con algunos de los mejores esbirros de Rexxar, como el molesto Crinalta de la sabana, y con Miracle Rogue ganando un turno antes que la insidiosa combinación Fuerza de la Naturaleza + Rugido salvaje, nuestro héroe Malfurion no estaba en la mejor posición para pelear por un puesto entre los titanes del podio. Para más inri, Warlock Zoo, siempre presente en el metagame, es uno de los peores emparejamientos de la clase si la lista de druida no se monta expresamente para contrarrestarla. Al tener salidas lentas a veces y la carencia de sweepers de mesa de calidad, Zoo podía ser un infierno para la clase. La santa Trinidad de Zoo-Miracle Rogue-Cazador Midrange dejaba seco de posibilidades a Malfurion.

Todo este ecosistema, nocivo para druida, hacía que la comunidad optara por otras clases para escalar en la Ladder. No obstante, los jugadores competitivos seguían decantándose por ella en torneos, principalmente por su versatilidad y por la capacidad que ofrece para recuperar terreno cuando perdemos la primera. Pero las condiciones seguían siendo precarias para una clase que carece de hard-removal, depende los Silencios para quitarse de encima muchas ...y por la capacidad para recuperar terreno cuando perdemos la primeraamenazas y es susceptible a perder sola si cartas como Estimular o Crecimiento salvaje no llegan en los primeros turnos de la partida, haciéndolas robos muertos al final de la misma.

Entonces, si la baraja es tan sensible a tantas cosas, ¿por qué digo que es tan potente? Porque Malfurion, pase lo que pase, siempre está al pie del cañón. Mañana analizaremos profundamente una de las barajas que volvió a poner en órbita a uno del os cuerpos celestes más determinantes de Hearthstone.

  • Tenéis a vuestra disposición la segunda parte de este análisis