¡No te pierdas nuestro contenido!

En invierno se disfruta mucho más de los juegos de rol. Cuando hace frío me encanta hacerme un té, abrir Skyrim, pasear un poco, retomar alguna misión e ir sorbiendo poco a poco. Ahora que se ha cumplido un año del lanzamiento del juego, se me antoja el mejor momento para volver a él. Y qué mejor excusa que instalando la expansión Dawnguard, que añade más de 13 horas de juego, la posibilidad de transformarte en Señor Vampiro y nuevos mapas por descubrir. Mientras Bethesda sigue trabajando duro en The Elder Scrolls Online, sumérgete conmigo una vez más en TES V: Skyrim.

Hasta el más fan debe admitir que The Elder Scrolls V es un juego que al final se hace cansino. Es demasiado grande, incluso abrumador por momentos. Pero qué reconfortante es volver a él de vez en cuando; cómo se disfrutan de las líneas de diálogo, el placer de recorrer sus tierras... Y aunque no hayas terminado con todas y cada una de las misiones del juego, como es mi caso, instalar Dawnguard es altamente recomendable.

La expansión arranca con el primer guardia que nos crucemos, que nos informa sobre una nueva organización: la Guardia del Alba. No tardaremos mucho en dar con la impresionante fortaleza de estos cazadores de vampiros, donde el propio cabecilla nos encomendará una misión aparentemente inofensiva. Para ello, y como iniciación, nos obsequian con una ballesta, ideal para matar vampiros de forma sigilosa (es divertidísimo hacerlo). Más adelante todo acaba volviéndose del revés, momento en el que se nos presentarán dos caminos a elegir; por un lado, seguir en la Guardia del Alba, en su gesta para acabar con los chupasangre.

Definitivamente, el otro es mucho más atractivo: convertirte en un Señor Vampiro. Si te decantas por esta opción, vas a alucinar con la transformación: el cambio está muy logrado y realmente te sientes muy poderoso. Es un soplo de aire fresco para el juego. La transformación en vampiro es espectacular y el juego cambia completamente, abriéndose un nuevo árbol de habilidades. Todo es mucho más visceral; la vista pasa a tercera persona y atacas con las garras o con hechizos especiales.

Sed de sangre

Y aquí empiezan las pegas. Primero: esa transformación tan vistosa es muy lenta. Mientras la activamos, los enemigos nos siguen repartiendo mamporros a diestro y siniestro, por lo que no ayuda que además tarde tanto en realizarse. Se vuelve algo poco práctico, especialmente si tenemos en cuenta que en forma vampírica no podemos interactuar con el entorno más que para abrir puertas. Ni coger items, ni abrir cofres, ni leer libros. Solo abrir puertas.

Los poderes especiales de Señor Vampiro son efectistas, pero no matan ni a una mosca. Al menos en los primeros niveles, ya que no tuve la paciencia de subirlos y me quedaba prácticamente todo el tiempo en forma humana. Eso sí, si buscas un reto en los combates, quizá no lo encuentres aquí. Con mi archimago nivel 30 no me topé con una dificultad excesiva para acabar con los malos. Al menos encontré un hechizo de conjuración especial para mi mago.

Dawnguard entra por los ojos desde los primeros minutos de juego; desde la ya mencionada fortaleza de la Guardia del Alba, hasta el bellísimo, a la par que lóbrego, Recordatorio de las Almas. Bethesda halla en los paisajes y campos abiertos, nuevamente, su gran fuerte, deleitándonos la vista entre fase y fase.

Por el contrario, algunas texturas tienen muy mala calidad y sigue habiendo un montón de bugs. Esto me llama bastante la atención, más si tenemos en cuenta el desfile de parches que hemos tenido desde que salió Skyrim en noviembre del pasado 2011. Por ejemplo, en un momento iba con Serana, la acompañante principal, cuando me pongo a hablar con un NPC. De repente, Serana se saca una escoba de la nada y empieza a barrer la casa del NPC... WTF! O un caballo que de repente aparece boca arriba en el suelo... WTF 2X! (ver imágenes)

Nunca es suficiente

Al margen del apartado visual, la expansión nos da horas y horas de líneas de diálogo de calidad, con una historia interesante y bien doblada al castellano. Muy del estilo de la saga, el argumento quizá no es tan inspirado en Dawnguard como en otras ocasiones. De todas maneras, cumple con su cometido. Lo importante es que está muy bien narrada. Como decía al principio, la expansión consta de unas 13 horas de juego, de las que 10 aproximadamente son de la línea argumental principal. El resto se completa con decenas de misiones secundarias, tanto para la Guardia del Alba como para la rama vampírica.

Sí, varios personajes nos dan misiones secundarias, aunque casi todas consisten en matar a un jefe vampiro y volver a por la recompensa. Salvo una o dos, que requieren de un gran despliegue de habilidades por nuestra parte, el resto son todas bastante monótonas y facilonas. Con todo, hay que reconocer que tiene momentos muy épicos, aunque no quiero arruinar la sorpresa con spoilers. Solo diré que hay una par de luchas realmente encarnizadas, de esas que quedan en el recuerdo de grandes gestas videojueguiles.

Por otro lado, quizá pase desapercibido entre la gran mayoría de gamers, pero siempre hay que agradecer los pequeños detalles. Por ejemplo, en un determinado momento nos encontraremos con un personaje que, aparte de darnos una misión secundaria, nos cuenta la historia de Kvatch en Oblivion, cómo lucharon contra los dremora de los portales abiertos y algo de su vida como asesino en Morrowind. Verdaderamente es un acierto para los fans de la saga lo de referenciar las anteriores entregas.

7,5/10

Con todo, seamos sinceros: lo único que queremos los fans de Skyrim es volver a las tierras nórdicas a aplastar algunos cráneos y disfrutar de las vistas, y eso es justamente lo que nos da de sobra Dawnguard. Aun así, la historia es un poco difusa a veces, mientras que los poderes vampíricos, siendo impresionantes a priori, se vuelven inútiles comparando con la fuerza que ya traemos de nuestro personaje previamente nivelado. Afortunadamente, el arma principal que buscamos a lo largo del juego, el arco de Auriel, está bastante lograda y es muy potente.

Galería­ de imágenes