Con qué liviandad levantan el dedo acusador los medios, con cuanta liviandad ignoran miles de parámetros y otros hechos aberrantes que generan tanta violencia como lo que ellos mismo muestran como marcador. Cuantas veces hemos sido sentados en el banquillo por compartir un hobby, y no me refiero necesariamente a los videojuegos. Ya que cuando ellos no existían y los violentos si, los acusados eran otros con igual nivel de inocencia.

Famosos fueron los juicios en la década de 1980 a Judas Priest porque dos muchachos con no muchas luces decidieron volarse los sesos de un escopetazo, alguien encontró un cassette de esta banda entre las pertenencias de las víctimas y recorriendo el fácil camino de encontrar culpables ignotos decidió echarle toda la culpa al heavy metal. Algo similar le sucedió a Dee Snyder y su banda Twistted Sisters y la payasescas acusaciones por parte de un senador mal levantado.

Es fácil señalar a la actividad, o diría conveniente, nunca van a señalar las injusticias que suelen llevar a ejecutar estos actos de violencias. Nunca se va a señalar la podredumbre sembrada por los medios, donde se encargan de implantar el terror, el miedo extremo, el odio hacia el distinto. Donde se banaliza el desequilibrio social y económico, donde se festeja el derroche de dinero y la idiotez. La culpa la tienen los videojuegos dicen, cuando una persona de 24 años totalmente desequilibrada mata a otras 12 e hiere a otras 50. La culpa no la tiene la hija de un presidente --o candidato a, en ese momento-- habla despectivamente de "La Prole" por twitter, la culpa no la tiene una diputada que ante una aberrante suba de impuestos declara un abierto "¡que se jodan!", la culpa tampoco la tiene un candidato a gobernador que castiga con un cinto a su hija como si hubiese cometido un acto imperdonable y todo lo que había hecho era descargar música de internet. Ni que hablar de un país que invade, bombardea y miente sistemáticamente para que una parte muy exclusiva y, de paso acusadora, de su población sea más rica de lo que ya injustamente es. No señores, la culpa la tienen los videojuegos, ustedes, nosotros, los que los hacen, los que los juegan, los que los promocionan, los que los venden, si señores, toda la culpa la tienen ellos, nosotros, tu y yo, ah, y Marilin Mason de paso también.

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Y así me retiro esta semana, indignado. Y mejor no nos olemos nada.