El pleito legal entre Motorola y Microsoft sobre patentes tecnológicas sigue en pie y con consecuencias que no pudimos habernos imaginado. Motorola ya ganó parte de la batalla al lograr que un juez prohibiera la venta del Xbox 360 en Alemania -aunque sin efecto ya que un juez federal en Seattle detuvo la orden, pidiendo más tiempo para considerar la demanda- y ahora una situación parecido podría tener lugar en los Estados Unidos ya que otro juez ha recomendado a la comisión a cargo del caso que también se prohíba la venta de la consola en ese país.

David Shaw, juez en la comisión de comercio internacional declaró:

Reforzar los derechos de la propiedad intelectual sobrepasa cualquier impacto económico potencial en los compradores de consolas de videojuegos.

Microsoft respondió que la decisión del juez no sirve al interés de los consumidores, quienes sólo se quedarían con dos opciones para satisfacer el mercado; la PlayStation 3 y la Wii, pero Shaw insiste en que las versiones de 4GB y 250 GB de Xbox 360 que son manufacturadas en China no deben ser importadas a los Estados Unidos y cualquier consola que ya esté puesta a la venta del público debe ser sacada de los estantes con una orden de “cese y desista”.

Sin embargo esta recomendación debe ser ratificada por la ITC (Comisión de Comercio Internacional de los Estados Unidos) y de ser así, la propuesta pasará a manos del presidente Barack Obama, quien tendrá 60 días para llegar a una deliberación al respecto.

Las demandas de Motorola se centran en patentes respecto a codificación de video y tecnología Wi-Fi y pide una compensación monetaria mientras que Microsoft afirma que Motorola está aplicando regalías excesivas y discriminatorias por sus patentes.

Me parece que sería difícil que la recomendación del juez se lleve a cabo debido a los muchos factores económicos que hay detrás de este mercado y lo más posible es que ambas compañías lleguen a un acuerdo fuera de la corte, pero es un tanto curiosos ver a Microsoft del otro lado de la cerca; ellos constantemente defienden su propiedad intelectual por sobre todo mientras que el “interés de los consumidores” suele quedar detrás del interés de la propia empresa y sus ganancias.