Si nos retrotraemos al pasado, justo al momento en el que Ninja Gaiden y Ninja Gaiden II salieron al mercado, podemos ver con claridad el tremendo impacto que tuvieron. Su jugabilidad, su desmesurado apartado técnico y su sobrada calidad dejaron una huella que es bastante difícil de obviar. El listón estaba muy, pero que muy alto. Y todo lo que presuponíamos a esta tercera parte rara vez ha cumplido las expectativas. Un buen juego si no tuviera la historia que arrastra detrás, pero que sale dolorosamente mal posicionado si lo comparamos con sus antecesores.

Team Ninja ha querido adaptar la franquicia a un público de masas. Y para ello ha intentado marcar una línea de trabajo más popular y menos clasista para Ninja Gaiden III, por decirlo de alguna manera. Y este hecho es seguro que no ha sido bien recibido por los seguidores más fieles de Ryu Hayabusa. Las novedades introducidas presentan más sombras que luces, tal y como veremos a continuación.

Quizás el único apartado donde se le puede conceder el beneficio de la duda y tildarlo de mejora sea en el arco argumental. Siendo francos, la historia en Ninja Gaiden ha sido siempre bastante deslavazada, y por momentos, hasta contradictoria. En ese sentido sí que es justo reconocer al menos el intento de dotar de un sentido a este particular viaje de Ryu. Vamos a encontrar bastantes más personajes secundarios y escenas de video, que una vez completado el título, cobra su sentido completo.

Esta vez debemos acudir a Londres a salvar al mundo de una amenaza que lo aboca a su propia extinción. Un misterioso personaje requiere nuestra presencia. Y no tardaremos mucho en saber que la principal razón de nuestra presencia en ese punto y en ese momento de la historia es debida a unos intereses muy particulares de este enemigo enmascarado.  Es difícil que la historia sorprenda ya que rara vez se aleja de los estereotipos, los clichés y la linealidad. Pero sí que está al menos trabajada de una forma convincente.

Y casi ahí podemos acabar con las virtudes, puesto que si profundizamos en el resto de apartados, el paso que se ha dado hacia atrás es más que evidente.

Lo primero que llama de sobremanera la atención es su apartado gráfico. La nitidez y claridad de las otras entregas ha dado paso a un entorno mucho más sucio y oscuro. Es complicado entender esta situación, ya que el juego se basa completamente en entornos cerrados donde debemos eliminar a todos los enemigos presentes en la zona para poder avanzar. Precisamente este tipo de mecánicas son las más propicias a la hora de exprimir gráficamente a las consolas. Y no ha sido así.

Otra de las situaciones que los seguidores de la franquicia no van a comprender es la decisión de llevar durante toda la aventura una única arma: nuestra espada. Y ésta, para colmo, no vamos a poder potenciar. Este hecho condiciona la aventura de una manera. En las anteriores entregas, nuestro arsenal, aunque sin tirar cohetes, era más amplio. Y afrontar la aventura con la guadaña no era lo mismo que con el bastón o la espada.

La jugabilidad y la mecánica cambiaban radicalmente. Al limitarnos esta opción, la profundidad  cae en picado. Cierto que la espada sigue produciendo sensaciones satisfactorias en combate, pero se ha pasado de 3, 4 o 5 a solo una opción para acabar con nuestros enemigos.

Y siguiendo dentro del campo de la búsqueda de nuevas vías, en esta ocasión vamos a encontrarnos los conocidos QTE. Vamos a encontrarnos dos tipos: los bien integrados, y los que rompen por completo el ritmo de juego. Éstos últimos, normalmente destinados a dar una mayor espectacularidad, pueden matar por sí solos un momento que debería de ser épico. Precisamente esto último es lo que se ha diluido como un azucarillo.

El hecho de acercarlo a las grandes masas ha condicionado lo que antes era un título exigente y satisfactorio, en un simple pasa-fases. De nuevo volvemos a contar con varios niveles de dificultad, pero salvando el más elevado, no vamos a tener casi ningún problema en completarlo en cualquier otro. Gran parte de culpa recae en la excesiva mecanización de las rutinas y patrones enemigos. Ni siquiera se salva de esta situación los insípidos jefes finales.

Paradójicamente nuestro mayor reto va a ser lidiar con la errática cámara. Aunque no nos suele dar problemas en la mayor parte del tiempo, sí que tiene sus momentos en los que nos va a dejar completamente vendidos.

Aunque su mayor punto fuerte sigue siendo el modo historia (recortado hasta las 8 horas estándar de la actualidad), se han incluido varios modos multijugador a fin de alargar la experiencia de juego. Donde vamos a encontrar vertiente cooperativa y competitiva. El segundo resulta bastante más conseguido, ya que los participantes se dividen en dos clanes, uno contra otro todos con las mismas habilidades. El otro no deja de ser un modo horda con el objetivo de conseguir puntos.

8/10

Como apunte final hay que decir que la sombra de Itagaki es muy alargada. Se nota muchísimo su falta. Ya que a esta entrega le falta el toque que le daba y que al equipo encargado de este desarrollo le ha faltado eso y algo más de atrevimiento. Aún así se trata de un juego que merece la pena jugar pero, si eres un fiel seguidor de la misma, te dejará un sabor agridulce.