Es difícil explicarle a alguien que no es padre lo que es tener hijos. Más que difícil diría que es casi imposible. Como muchos de los que me leen por acá sabrán, tengo un hijo pequeño, que está dando sus primeros pasos en la escuela primaria. Una de las cosas que más impactan de la paternidad es ver crecer a tu hijo y, obviamente, no estoy hablando de tamaño. Hablo de verlo todos los días hacer algo nuevo. Hace un tiempo comenzamos juntos a jugar Terraria una especie de clon de Minecraft en 2 dimensiones pero que con los meses adquirió vuelo propio a base de unos excelentes upgrades. Terraria, es un juego donde prima la experimentación y la creatividad, actividades ideales para incentivar a un niño pequeño. En un principio era yo el que jugaba y él miraba y aconsejaba, hasta que comenzamos a jugarlo en línea con uno de mis sobrinos. La tentación de jugar directamente con su primo pudo mucho más que sus limitaciones con el uso del teclado y el inglés. Tal es así que ahora no sólo se ha vuelto un experto jugador de Terraria, sino que ahora abre ventanas de chat o incluso comunicaciones por voz para coordinar con su primo que es lo que van a hacer en el juego. Cada vez que lo veo reírse, hablarle a la pantalla o gozar a un personaje animado por algo que le hizo muero de amor. No se si esto lo hará o no un triunfador en la vida, pero el ver que comparte tantas cosas conmigo y encontrarme reflejado a mi mismo en su personita hacen que mis días con él sean una de las cosas más maravillosas que le puedan pasar a un ser humano, pero como lo dije antes, para alguien que no tenga hijos esto es algo no se puede explicar. Pasemos entonces a lo mejor de la semana, mientras me seco los litros de baba que acabo de derramar por hablar de mi hijito.

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Y así finaliza la primera semana de Marzo, nosotros despidiendo el verano y ustedes sacándose de encima un crudísimo invierno. ¡Ahí nos olemos colegas!