Nos toca vivir una época extraña, una época de cambios ¿Nunca os habéis preguntado qué será lo que se recuerde de estos años dentro de dos o tres siglos? Qué será aquello que asocien los seres humanos del futuro al pensar en el final del siglo XX y principios del XXI. Hay quien dice igualdad entre hombres y mujeres, hay quien dice terrorismo, hay quien dice Internet… Yo opino que lo más importante es la digitalización: estamos dejando de utilizar cosas físicas, cosas que encontramos en el mundo de los objetos, por cosas menos tangibles, virtuales. Del libro físico al libro electrónico, del vinilo al mp3, del pilla-pilla al Super Mario. No cambian nuestras inquietudes (seguimos queriendo leer, seguimos queriendo escuchar música, seguimos queriendo jugar…), pero cambia nuestra forma de llevarlo a cabo y, por supuesto, cambia el acceso que tenemos a esos recursos.

Está claro que si antes querías jugar el escondite no hacía falta nada, pero si querías leer un libro te hacía fatal, bueno, ese libro. Esa asociación que nos parece tan lógica hoy en día está obsoleta, ya que hoy prácticamente todo se puede duplicar, sin adulterar y sin que llegue a existir en ningún momento en el mundo de lo real. Puedes trabajar durante años en un videojuego, simplemente pulsando teclas, terminar ese producto, físicamente inexistente, ponerlo a la venta por Internet y hacer que se duplique miles de veces mientras tú recibes dinero vitual en una cuenta virtual y te lo gastas virtualmente. Felicidades, eres rico y no has creado ni recibido nada en el mundo de los objetos.

Si tenemos en cuenta este ciclo, ¿para qué vender físicamente todo aquello que es susceptible a ser digitalizado? ¿No será que es un vestigio del pasado, de una época en la que hacía falta que un objeto físico pasase de unas manos a otras? Estamos viviendo últimamente una época de cambios, de tsunamis culturales y de personas incultas e interesadas que creen que podrán frenarlo con un dique. En esta época de SOPAs, ACTAs y Sindes los legisladores no parecen darse cuenta que este cambio comenzó hace mucho. Desde que el primer texto apareció en una pantalla, el papel ha estado condenado a muerte. Tardará más o menos en desaparecer, pero lo hará. Y desde que se creó Internet la necesidad de vender dispositivos de almacenamiento digital está igual de obsoleto (ni DVDs, Blu-rays, el futuro es la nada, la nube).

Todo esto me viene a la cabeza a raíz de varias noticias relacionadas con la industria del entretenimiento. Varias noticias desagradables pero para nada sorprendentes. Por un lado tenemos la precaria situación de GAME. La cadena responsable de las tiendas de videojuegos GAME y Gamestop no está pasando por su mejor momento. Gamestop ha cerrado todas sus sucursales en Portugal e Irlanda del Norte y se rumoreó que las tiendas españolas correrían la misma suerte (rumor que se desmintió más tarde). Sin embargo, poco después surgió la noticia de que GAME UK está al borde de la quiebra y que es muy probable que no sea capaz de cubrir los gastos de aquí a un futuro muy próximo.

Según lo que he expuesto anteriormente, esto es normal. Estas tiendas están condenadas a desaparecer y, poco a poco, todas ellas irán dando paso a un comercio cada vez más digitalizado. Si no me creéis, preguntaos esto: ¿Montaríais ahora una tienda de videojuegos?, ¿una librería?, ¿una tienda de música?, ¿un videoclub? Sabéis que están acabados, aunque os duela aceptarlo. Al menos a mí me duele, porque me encantan este tipo de comercios en los que puedes ver de un vistazo tanta oferta cultural.

Tenemos esto por un lado, pero por el otro nos encontramos con una estructura arraigada en lo más profundo de la sociedad que pretende defender con uñas y dientes este modelo de negocio. Cada vez que aparece un cambio, a mucha gente le entra miedo y el miedo, unido a falta de cultura, hace que se cometan verdaderas atrocidades. Por lo menos esta vez nos nos estamos pasando a cuchillo los unos a los otros. Lo máximo que hacemos es que un bando obligue a los gobiernos a dictar leyes que les favorezcan y el otro tire durante unas horas una página web. Lo que quiero decir es que siempre ha habido detractores del progreso, siempre hay gente acomodada en el presente que lucha por que las cosas se queden como están. Es normal.

Así, Netflix se va de España con el rabo entre las piernas. Esa fantástica iniciativa de televisión a la carta (una especie de Series Yonkis de pago que puedes utilizar tanto en el PC como el la Xbox 360 o en la 3DS o dónde quieras) ve que la sociedad española no está prepara da un cambio así. Los impuestos por derechos de autor que deberán pagar serán, seguramente, desorbitados, lo que impide un modelo de negocio barato basado en la nube.

Mientras se sigan dando ejemplos como éste, o como el ridículo descuento que pretende hacer Sony con los juegos descargables de PS Vita, la sociedad estará dando palos de ciego mientras avanza al futuro. Ese futuro al que vamos a llegar pero al que mucha gente le conviene retrasarlo lo máximo posible.