Hace exactamente 7 horas, cinco años atrás, un servidor aguantaba un buen chaparrón en una (para qué mentir) no muy extensa cola de ansiosos jugones, expectantes a que la puerta de un conocido comercio en la ciudad abriese a la par que sus carteras. El precio a pagar (como con cada nuevo lanzamiento) era alto, pero la expectación por degustar de tú a tú la segunda consola de Microsoft compensaba con creces el desembolso.

Sí, un 2 de diciembre de 2005, Xbox 360 entraba en casa junto a la última gran joya de Rare (Kameo) y la tercera entrega de una de las sagas de conducción más aclamadas (Project Gotham Racing). La ilusión radicaba en que aquella era la primera consola de videojuegos cuya gestación había seguido desde el minuto uno, ya como profesional de este sector. Una máquina que sorprendió a propios y extraños, en primer lugar, por una calidad gráfica nunca vista hasta entonces en televisor doméstico alguno (Samsung salió ganando con la estandarización HD que promovió).

A día de hoy el plataformas de Rare sigue luciendo precioso y pequeños detalles como el círculo lumínico (con sensor de inclinación) en consola y mandos han dejado de asombrarnos en favor, por ejemplo, de la interfaz cambiante de la máquina, que en varias revisiones nos ha devuelto la sensación de estrenar sistema.

Atrás quedaron aquellas pestañas deslizables cuyo fondo personalizábamos con fotos vía unidad flash. Ahora podemos desplazarnos por los menús de viva voz y a lo Minority Report gracias a ese periférico que aún sigue dejándonos con la boca abierta tras su inesperada aparición en el E3 de 2009.

Sí, Xbox 360 ha sido y es un grandísimo sistema, sobre todo por su capacidad de reinvención. Cual camaleón ha ido adaptándose a lo que el mercado iba demandando y el resultado es una estilizada pieza negro azabache en la que el resultón disco duro inicial queda oculto bajo formas mucho menos propensas al calentamiento.

No hay que olvidar que 360 es también la primera consola en generalizar pavor por defecto de fabricación: todos en algún momento hemos deseado que no nos tocase a nosotros. En efecto, me refiero a las temidas tres luces rojas o anillo rojo de la muerte, finalmente subsanado (aquí uno que lo padeció en dos ocasiones y recuerda perfectamente qué estaba haciendo en cada una de ellas).

¿Pero qué es una consola sin juegos? Si por algo ha destacado Xbox 360 es por su catálogo exclusivo y en éste no podemos obviar a grandes IPs de su precedesora como Fable, Forza Motosport y por supuesto Halo. Sagas que han alcanzado su madurez y máximas cotas cualitativas bajo el amparo de la segunda Caja X, protagonista de no muy fructíferos retornos (Perfect Dark Zero, Banjo & Kazooie) estrenos hoy convertidos en franquicias tan icónicas como multitudinarias (Gears of War, Mass Effect) y otras novedades de incierto destino pero igualmente valoradas como Alan Wake, Viva Piñata, Crackdown, Too Human o el citado PGR.

No cabe duda de que si Xbox 360 jugase hoy su propia partida, uno de los buques insignia de la plataforma haría su aparición nada más comenzarla: Logro Desbloqueado - 5 años de diversión.