Dos grandes estandartes del movimiento casual en videojuegos están de enhorabuena. Wii acaba de conseguir un nuevo record de ventas al convertirse en la consola que más unidades ha vendido en territorio británico en menos cantidad de tiempo. En concreto más de seis millones de consolas ocupan los hogares del United Kingdom desde el lanzamiento de la máquina allá por 2006. No se queda atrás Singstar, que con más de cinco años y 20 millones de copias vendidas a sus espaldas se consolida como una fórmula siempre solvente dentro de la familia Playstation.
Cifras de ventas éstas que asombran pero que no nos pillan por sorpresa. Los videojuegos de corte casual y entretenimiento colectivo han experimentado un crecimiento comercial sin precedentes en los últimos años sin que se atisbe un mero ápice de decaimiento en una rama del ocio electrónico que ha traído a los mandos a abuelas y hermanas frente a la atónita mirada de los jugadores habituales de medio mundo.
Y sí, es bueno que la industria se expanda pero ¿a qué precio? Muchas compañías están inundando las estanterías de productos mediocres que suponen un engaño comercial para estos nuevos e inexpertos compradores al tiempo que devaluan cualitativamente el concepto de videojuego. Por esto un servidor opina que el mercado de los juegos casuales debería revalorizarse sometiéndose a una purga selectiva en la que no todo tuviese cabida.











Y quien se supone que va a hacer esa purga? Lo siento pero esa frase final me hace sentir algo que ya he sentido en las opiniones de otros gamers: la vuelta a la Inquisición, donde debemos censurar/”purgar” los videojuegos que no sigan la “sana doctrina”.
Debe haber espacio para todos y que la gente decida. Devaluar el concepto de videojuego? Que haya cosas malas no quiere decir que las buenas no son tomadas en cuenta.
En algún momento puedo disfrutar de Mozart o Queen, y en otro disfrutar de, por ejemplo, los Jonas Brothers. A cada uno lo valoro tal como es.
Tampoco hay que llegar al extremo de instaurar una inquisición, por supuesto que debe haber libertad creativa, es solo que, en mi modesta opinión, no debería llamarse ”videojuego” a un producto en el que no hacemos otra cosa que vestir a un maniquí con falditas mil por ejemplo.
wii no es casual, otra cosa es que la inunden de porqueria “EA” nintendo no es casual, lleva lo que llamamos océano azul, no te apureis, natal y sphere seran mas casuales que wii..
visita esta web, urian tiene una mejor idea de diferencia entre casual y wii que de lo que tu puedes entender! http://www.entremaqueros.com/bitacoras/urian/la-muerte-del-mercado-casual/
Lo dices por Pet Eye???!!!
Chao monos pet eyes!!!
¿Pero quien decide que juego merece estar, o no, en una estantería? A mi no me molesta que se amplíe el número de personas que se acercan a un videojuego, no se porqué debe ser algo cerrado para los irreductibles “jards”
A mi nadie me obliga a vestir un maniquí, ni tampoco a pasarme el Metroid al 100%, o llevar estadísticas de mi peso en WiiFit.
La industria está madurando, el problema es que no lo hacemos los propios videojugadores.
Creo saber a lo que se refieren, hasta el sistema GameCube, Nintendo tenía políticas más estrictas y daban autorización sólo a juegos de calidad para ser publicados (no como la PSX, que al ser más flexible el código, cualquier n00b se las daba de programador y sí, tenía un catálogo enorme, pero lleno de pura m***da). Ahora Nientiendo le da su sello de calidad a esas porquerías de “Imagina Ser” :S
Los juegos debieran ser analizados antes de ser publicados, porque con tanta publicidad engañosa y notas compradas (hasta Famitsu regalando notas ¬¬) hay que tener mucho cuidado. Yo por ejemplo, pruebo cada juego antes de pensar en comprar ;)
Saludos!!
Luckas, el sello de calidad nunca se refirió a la calidad de los juegos, sino a su compatibilidad con la videoconsola. Algo importante teniendo en cuenta la cantidad de juegos no licenciados que aparecieron con la NES.
Pero vamos, si de verdad crees que antes de Wii en las consolas de Nintendo solo había juegos de calidad… En fin.