Otro año más llegó el único día donde todos los niños madrugan sin problema alguno, capaces de estar despiertos desde las 6 de la mañana sin quejarse, ¿magia? Pues algo hay de ello, porque han venido desde el lejano Oriente los Reyes Magos cargaditos de regalos e ilusión. Especial emoción causa en los niños (y algunos más creciditos) si se trata de una videoconsola. Aún recuerdo un día de Reyes en que fui el afortunado poseedor de un ZX Spectrum Sinclair, eso no se olvida nunca.

Y es que el momento de abrir los regalos es de las cosas más tensas que puede vivir un niño, con toda la familia mirando y él, a su corta edad, debe mantener la compostura. Aunque no siempre es así, como el caso del famoso Sixtifoooooour que hace renacer al niño que llevamos dentro cada vez que lo vemos. Es el vídeo más conocido, pero hay otros muchos, en el que los niños demuestran que quizá necesitaban un exorcismo antes que un videojuego.

Los padres suelen jugar al equívoco, “nos has sido bueno este año… puede que no te traigan nada…” para luego dar la gran campanada. Es el procedimiento habitual, transmitido generacionalmente, para elevar al cubo la emoción del momento, pero siempre hay un reverso tenebroso, con crueles padres creando un hype brutal, y luego… ¿Luego que? Apenas unos calcetines, o con suerte una camiseta.