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Momentos ridículos de los videojuegos: los mata-mata

Por Pedro Silva el 28 de Septiembre de 2008 @ 18:33

Hace unos días quise que nos riéramos un poco al pensar en lo estúpidos que deben parecer ante ojos profanos los clichés típicos de los juegos de infiltración. Pero hay otros géneros mucho más clásicos que nos brindan momentos memorables, y en los que muchas veces no nos hemos fijado. O al menos, no hemos tenido tiempo para hacerlo, en medio de tanta acción y tanta torta.

Porque… ¿quién no ha jugado nunca a un buen beat’em up? Esos juegos de “tú solo contra el barrio” han estado en nuestras consolas y en las máquinas arcade desde los años 80, y lograron eliminar las monedas de cinco duros de los bolsillos de toda una generación a golpe de Insert Coin. Aún hoy, el género ha resistido al paso a las 3D, sobreviviendo en títulos como Ninja Gaiden, Devil May Cry o en los juegos de El Señor de los Anillos. Estos juegos nos han brindado desde hace décadas larguísimas sesiones de diversión, y con ello, cientos de momentos que han quedado en nuestra retina, y que para ojos de alguien que no los haya vivido deben parecer de lo más ridículos…

Lo primero que debe de llamar la atención al que mira uno de estos juegos por primera vez es que el personaje protagonista parece no cansarse nunca de golpear, rajar y disparar. Ya puedes estar rodeado de veinte tíos armados con cadenas, espadas o pistolas, que el héroe de turno tiene fuerzas para darle una paliza a todos ellos, aún cuando en más de una ocasión logran tumbarle. Y si logran encajarle más de tres hostias, no hay problema. Siempre hay un trozo de pizza/pollo/poción tirada por el suelo que restablece toda tu salud de golpe. Da igual que te hayan dado una patada en la cara, te hayan disparado o te hayan clavado un puñal en el pecho, siempre una buena comida hace milagros.

Este héroe incansable suele responder a unos cánones. Da igual si el juego se llama Golden Axe, Streets of Rage o Final Fight. Siempre puedes escoger entre un personaje forzudo, lento pero fuerte; uno rápido y débil (suele ser la chica del grupo) o el equilibrado que todo el mundo se coge al principio.

Sea a quien sea el que elijas, por delante te espera todo un ejército de enemigos clónicos, que comparten aspecto, vestimenta y nombre. Cuando pasen un par de niveles te encontrarás con otros que se les parecerá mucho a los primeros, pero que se llamarán de otra manera, vestirán de otro color y por alguna razón aguantan más puñetazos. Estos tipos duros suelen seguir una estrategia de batalla bastante molesta. Aparecen por un lado de la pantalla, te golpean por la espalda, y cuando te giras y vas a por ellos, se esconden fuera de la pantalla para que no puedas darles. Siempre me los imagino diciendo: “¡Vale, vale, vale, perdona, no me pegues, ya me voy!”.

La resistencia a tus golpes de toda esa gente siempre ha ido en aumento (se desconoce el motivo) conforme vas avanzando en tu camino. Siempre hay un personaje que aparece como jefe de mitad de nivel de una de las primeras fases, y que siempre se acaba convirtiendo en un habitual de las peleas multitudinarias tres niveles más adelante. Ahora mismo me viene a la mente el gordo escupefuego de los Streets of Rage. Te cargas al primero de ellos sudando sangre, y aunque crees que sólo había uno, descubres que tiene treinta hermanos clónicos deseando vengar a su compañero.

Pero claro, como esto son videojuegos, siempre hay un truco para facilitar la tarea. ¿Quién no se ha aprovechado del diseño de estos juegos para jugársela a los enemigos? Por alguna razón, el codazo en carrera siempre ha sido el mejor ataque de Golden Axe: es casi imposible defenderse de él y hace mucho daño. Destrozarse el codo contra monstruos y esqueletos siempre fue mejor idea que utilizar la espada contra ellos.

Otro detalle que comparten todos estos juegos es que siempre es mejor dar un golpe, esperar, dar otro, esperar… y así hasta que el enemigo caiga. El primer ataque del combo siempre aturde temporalmente, así que si haces esto garantizas que el malo no te va a rozar, en vez de exponerte tontamente intentando darle una tanda de golpes seguidos hasta dejarle en el suelo.

A veces me pregunto qué pasa por la cabeza del protagonista de un juego de estos cuando inicia su aventura. ¿Es consciente de que lo que pretende es enfrentarse él solo y por su cuenta y riesgo a todo un ejército? Si por lo menos fuera bien armado como los protas de los Contra o los Metal Slug lo entendería, pero es que va a pecho descubierto… Eso es confianza en uno mismo, y lo demás son tonterías. Solamente a Chuck Norris se le podía ocurrir un plan tan bueno como abrirse paso a hostias hasta el malo malísimo.

Creo que se puede decir muchísimo más acerca de los beat’em up. He reseñado algunos de los detalles que comparten los clasicazos ya citados, aunque los más modernos nos brindan una gama completamente nueva de momentazos, como el típico enemigo que se queda flotando en el aire tras recibir lo suyo o que se queda quieto en el escenario sin saber qué hacer. Pero recordar todo eso ya os lo dejo a vosotros.

Referencias

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