Estamos acostumbrados a ver muchas cosas alejadas de la realidad en nuestra forma de ocio preferida. Fontaneros saltando sobre champiñones y tomando flores para poder lanzar fuego, erizos corredores que cogen anillas para mantenerse inmortales, personajes con poderes mágicos que derrotan a dragones con total facilidad… Son cosas que asumimos y que no nos cuestionamos, pero que vistas por ojos extraños a todo esto son completamente absurdas y les puede resultar muy chocantes.

Me gustaría que nos planteáramos por un momento cómo veríamos esos juegos que tanto nos gustan si los mirásemos desde fuera, como si fuéramos nuevos en esto. Nos chocarían todas esas imágenes absurdas y bizarras, y nos costaría asumir lo que vemos.

Con estas líneas quiero poner a prueba eso, y me gustaría empezar por un género que se las da de muy realista y próximo a las películas de Hollywood, pero que nos ofrece todo un repertorio de momentos estúpidos y ridículos. Me refiero a los juegos de infiltración.

Las dos primeras sagas de este tipo que a muchos os vendrán a la mente serán Metal Gear y Splinter Cell. La primera tiene un tono más arcade y épico, mientras que la segunda es más sobria y “seria”. Pero ambas tienen detalles de diseño delirantes.

Por ejemplo, los guardias son estúpidos. Muy, muy estúpidos. Sí, al principio parecen muy listos porque te oyen y pueden seguir tu rastro, y al principio pueden amargarte cogiéndote una y otra vez. Pero si fueran guardias de verdad sería muchísimo más difícil eludirlos. Los soldados Genoma de Metal Gear Solid pueden ver sólo hasta diez metros delante de ellos, si estás a más distancia no se percatan de tu presencia, por mucho que saltes y te dejes ver. Ellos ven tan sólo en un área triangular frente a ellos. Más allá, el mundo les es desconocido y misterioso.

No lo tienen mejor los de Splinter Cell. Sam Fisher tiene literalmente tres focos verdes en la cara. Vale, podemos asumir que las sombras son lo bastante oscuras para que no se te vea con un uniforme oscuro, pero tienes tres focos de luz en toda la cara. Cualquier guardia tendría que verte al instante. Y sin embargo, podemos ponernos de cuclillas frente a ellos, pero claro, como estás en la sombra no te ven. Alguien debería enseñarles a esos mercenarios/soldados/terroristas que hacer el turno de noche con gafas de sol puestas nunca tuvo futuro…

Pero su falta de perspicacia va mucho más lejos. En Metal Gear, siempre y cuando no te vean puedes machacarles todo lo que quieras, que no darán la voz de alarma. Te colocas el camuflaje óptico y le das un puñetazo en la espalda a un guardia cualquiera. Él se da media vuelta, asustado, y como no ve nada, no le presta importancia a que acaba de notar un nudillo golpeándole la columna. No sé, si yo estuviera andando por el pasillo de mi casa a oscuras y completamente solo y algo me golpeara con fuerza en la espalda, por lo menos me asustaría y llamaría a alguien. Pero claro, los soldados Genoma son muy valientes. A no ser que les apuntes con una pistola, en cuyo caso se menearán para dejar caer su identificación. Pero… si el dog tag es una cadena que se lleva al cuello, ¿cómo la dejan caer meneando el cuerpo? No nos hagamos preguntas.

Hablando de llevar cosas encima. Esto es algo que no se da sólo en los juegos de infiltración, sino en cualquier juego de acción en general. ¿Dónde llevan tantísimas armas y objetos? Echa un vistazo rápido al inventario que lleva cualquier protagonista de videojuego hacia el final de la aventura. Por lo menos llevará una pistola, una ametralladora, una escopeta, un rifle de francotirador y un bazooka para cuando hay que ponerse serios. No me imagino intentando reptar por un conducto de ventilación en silencio llevando todo eso. No, sencillamente no me siento capaz siquiera de poder andar con esa carga encima.

El único juego que he visto que maneja inteligentemente este asunto ha sido James Bond: Todo o Nada, aunque imagino (y espero) que haya más como él. En ese título podíamos ver dónde llevaba el bueno de James cada una de las armas que recogía. Y nunca le veíamos cargando con un arsenal demasiado extenso. Como mucho un par de metralletas y un lanzacohetes en miniatura, pero esto se lo perdonamos. Es James Bond, un tipo que se ríe de la muerte todos los días antes de desayunar, qué menos que sea capaz de llevar algo de peso en la cintura.

Pero yo creo que la palma de los momentos absurdos en los juegos de infiltración (y me estoy acordando de nuevo de Metal Gear) es cuando te descubren y dan la voz de alarma. Si yo estuviera en una misión como las de Snake y fuera descubierto, me daría por muerto al instante. Pero por suerte para él, los enemigos son capaces de olvidarte si tomas un ascensor. ¿Cómo? ¿Estás escapando de los malos en su base secreta y tomas un ascensor? Cuando abras la puerta en el piso que sea ten por seguro que habrá un pelotón de soldados dispuestos a convertirte en un colador en cuanto se abran las puertas. Pero no, en vez de eso se olvidan de ti. Es como si no les pagaran por buscarte en otro piso que no fuera el suyo. “Bah, que se encarguen los del piso de arriba.”

Se pueden decir muchísimas más cosas de las tonterías que podemos encontrar en los videojuegos, pero mejor las dejamos para otro momento. Si os acordáis de cualquier otro detalle como éstos os invito a compartirlos en los comentarios.