El inminente estreno de Metal Gear Solid 4 vendrá acompañado, como es habitual en la serie, de horas de escenas pregrabadas y de muchas más horas de conversaciones por codec. Todos volveremos a quejarnos de que es una saga de videojuegos en la que realmente se juega poco. Luego el enfado se irá diluyendo porque las bondades del título superarán con creces estos problemas.

Siempre he pensado que Kojima es un director de cine frustrado que vierte en sus trabajos esa frustración. Creo que ve y concibe sus obras más como películas que como juegos. El problema es que cine y videojuegos son medios distintos y por tanto tienen lenguajes distintos. Esto no es nuevo, todo arte joven se mira en sus referentes directos con la inmediata intención de imitarlos. Veamos unos ejemplos.

Cuando a finales del siglo XIX nació el cine, este fue considerado por la gente culta del teatro como un divertimento sin pretensiones artísticas para el pueblo llano. Esto supuso un lastre para el desarrollo de un lenguaje cinematográfico porque las películas empezaron a imitar el teatro buscando así su beneplácito. El Film d´Art fue una primitiva corriente que se dedicaba a plasmar en pantalla obras teatrales en una suerte de teatro filmado. Afortunadamente empezaron a salir genios creativos que desarrollaron el medio a partir de lo que diferenciaba ambas artes, no de lo que las unía: gruas, montaje, primeros planos, planos detalle, el travelling, etc. Podemos rastrear similares ejemplos en la fotografía (esos primeros trabajos que imitaban los típicos bodegones y composiciones de la pintura) o el cómic (una de las artes que más ha tenido que sufrir para ser considerada como tal).

No se trata de desterrar las FMV ni las escenas CG sino de desplazar la mayor parte de la narrativa hacia el propio desarrollo del juego. En Half Life y en Bioshock tenemos dos buenos ejemplos. En estas dos obras maestras el jugador participa de la historia de forma directa y profundiza en ella según desee. Aquí sí da la sensación de que el videojuego ha encontrado su lenguaje. Es necesario explotar esta vía para que el medio adquiera la personalidad y el empaque de una expresión artística única.

Volviendo a Kojima. Este hombre es un genio y debería darse cuenta de que ya quisieran en Hollywood talentos de su calibre, que sus obras superan con creces la mayoría de producciones cinematograficas que se mueven en el mismo campo temático, que…piiit, piiit, piiit, perdón, es que me llaman por codec: “¿Sí, coronel?”.

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