Anoche se puso a la venta Halo 3 en varios países del mundo, entre ellos Estados Unidos. De aquel país es un suertudo llamado Andrew Valentino. El muchacho fue contratado por una tienda de videojuegos para trabajar en el lanzamiento del juego, le pagarían 60 dólares y él tenía que pasearse con el traje de Master Chief que se hizo él mismo.

Por curiosidades de la vida, el chico de 17 años ni siquiera tenía una 360. Ello llegó a los oídos de un samaritano que regaló allí mismo una consola a Andrew. Eso sí, se trataba de una de esas buenas personas que hacen obras como esta y no revelan su nombre. A estas horas el muchacho debe pensar que el de anoche es el trabajo más rentable que ha tenido en su corta vida.

En el otro lado de la línea están los ejecutivos de la división de juegos de Microsoft, que podrían enmendar sus recientes tropezones a nivel económico, gracias a Halo. Esto se debe a que, según la consultora Goldman Sachs, el juego recogerá beneficios de 170 millones de dólares en sus primeros 5 días a la venta.

Todos contentos. De tal manera, que me creo que ya ha llegado la navidad y Santa va vestido de verde.